Emergencias Pediátricas.


Diplomado en Aeromedicina
Generación VI






Emergencias Pediátricas.




Pediatría es la especialidad médica que estudia al niño y sus enfermedades, abarca desde el nacimiento hasta los 18 años, distinguimos algunos periodos, recién nacido de 0 a 6 días, neonato de 7 a 29 días, lactante menor de 1 a 12 meses, lactante mayor de 1 a 2 años, preescolar de 2 a 5 años, escolar de 6 a 12 años, pre adolescente de 10 a 12 años y adolescente de 12 a 18 años.

Debemos considerar que en el paciente pediátrico tenemos dos procesos determinantes; el crecimiento (aumento del tamaño corporal) y el desarrollo (aumento de la complejidad funcional), el niño presenta menor masa corporal, mayor concentración de órganos, mayor elasticidad y flexibilidad de los tejidos, mayor superficie corporal en comparación con un adulto.

Físicamente el paciente presenta un cuello más corto, narinas pequeñas, la resistencia al paso del aire es del 25%, tienen una pirámide nasal más elástica, ausencia de vibrisas en el vestíbulo nasal, una boca pequeña y la lengua grande en comparación con la cavidad oral, amígdalas y adenoides de mayor tamaño, la apertura glótica es más alta por lo que su visualización es difícil, la epiglotis es más larga y en forma de herradura, la tráquea  es corta y estrecha y con angulación posterior, el gasto cardiaco es elevado, con un alto consumo de oxígeno, el peso del cerebro se duplica en los primeros seis meses de vida alcanzando su máximo a los dos años y recibe el 12% del gasto cardiaco total, el líquido céfalo raquídeo es de 4ml/kg, la barrera hematoencefálica es altamente permeable, la función tubular es inmadura sobre todo para la reabsorción de sodio, la concentración de orina en el RN es de 500 a 600 mOsm/L, el centro termorregulador es inmaduro y la termogénesis mediante escalofríos casi inexistente al nacimiento.

Los niños tienen más probabilidades de enfermarse, inhalan más aire por libra de peso, tienen la piel más delgada, la pérdida de líquidos tiene un efecto mayor en ellos ya que tienen menos cantidad de líquidos en el cuerpo, tienen más probabilidades de perder calor corporal.

Para brindar la atención que el niño necesita debemos conocer las principales diferencias entre un adulto y un niño, dentro de esto contamos con el triángulo de evaluación pediátrica.

El triángulo de evaluación pediátrica es una herramienta rápida y útil para la valoración inicial del paciente pediátrico. Es de fácil aplicación, puesto que no requiere de fonendoscopio o cualquier otra herramienta. más que los sentidos del responsable de salud, estructura la valoración subjetiva que todo servidor de salud hace al ver por vez primera a un paciente.

Como su nombre indica, se compone de tres lados: la apariencia del paciente, su trabajo respiratorio y su circulación cutánea. Con ellos, el triángulo de evaluación no nos proporciona un diagnóstico del paciente, pero sí una valoración del estado fisiológico y de las necesidades del mismo.
 






Apariencia

Es un indicador del nivel de perfusión y oxigenación cerebral que presenta el paciente. Cuando se encuentra alterada, es signo de una disfunción primaria del Sistema Nervioso Central (SNC). En muchas ocasiones, se encontrará una apariencia anormal en un paciente, incluso antes de que la Escala de Glasgow o la Escala AVPU (Alert, Verbal, Pain, Unresponsive) se alteren.

Lo que debemos valorar es:

• Tono. Debemos preguntarnos si el niño tiene un tono muscular normal. Un paciente que se mueve o que se resiste a la exploración, tendrá una apariencia normal. Por otra parte, un paciente hipotónico, que no se mueve, tendrá una apariencia alterada.

• Reactividad. Si responde a los estímulos, está alerta, coge los juguetes que le damos o intenta quitarnos las cosas del bolsillo, consideraremos normal este apartado.

• Consuelo. Es normal que un niño llore a la exploración, pero lo habitual es que se calme al cogerlo la madre en brazos.

• Mirada. Lo esperado es que el niño fije la mirada en las caras o los objetos. Por el contrario, una mirada perdida, vidriosa, hará que consideremos inadecuada la apariencia del paciente.

• Lenguaje/llanto. Consideraremos anormal si un paciente no lactante es incapaz de elaborar un discurso acorde con la edad, o si un lactante presenta un llanto débil o apagado.

Es lo primero que debemos valorar, en el primer contacto con el paciente, y siempre que sea posible, en los brazos del padre o madre, distrayéndole con juguetes e intentando abordar al niño desde su altura, para no intimidarle.

Puede estar alterada por una mala oxigenación o perfusión cerebrales, por causas sistémicas, como hipoglucemia o intoxicación, por una infección del SNC, por una lesión cerebral, como un TCE. Sea cual sea el motivo, es necesario iniciar maniobras para mejorar la oxigenación y perfusión cerebrales, como veremos posteriormente.

Trabajo respiratorio

En los niños, el trabajo respiratorio es un indicador más sensible de patología respiratoria que una frecuencia respiratoria aumentada o una auscultación patológica. Para valorar el trabajo respiratorio, deberemos estar atentos tanto a los ruidos patológicos que podamos oír, como a los signos visuales, por lo que deberemos valorar al niño con el tórax lo más descubierto posible. Los indicadores más importantes de este lado del TEP son:

• Ruidos patológicos. Audibles generalmente sin fonendoscopio, cada ruido es indicativo de patología a un nivel diferente de la vía aérea.

• Signos visuales. Suelen ser mecanismos involuntarios del cuerpo para compensar una situación de hipoxia

Debemos valorar los ruidos respiratorios al ver al paciente, antes de interactuar con él, para evitar que el llanto nos impida una correcta valoración. Para valorar los signos visuales, es importante desvestir al niño, al menos de cintura para arriba.

Circulación cutánea

Evalúa la función cardiaca y la correcta perfusión de los órganos. Aunque la apariencia es en sí un indicador de perfusión, ésta puede alterarse por otras causas diferentes, por lo que debemos valorar otros indicadores. La taquicardia es un signo precoz de mala perfusión, pero el llanto o la fiebre también pueden aumentarla. La circulación cutánea es un signo muy fiable, ya que, en situaciones de fallo cardíaco, el cuerpo reacciona limitando la perfusión de zonas secundarias, como la piel, para mantener el mayor tiempo posible la de zonas nobles (cerebro, corazón y riñones).

Los principales indicadores a valorar son:

• Palidez. Un signo muy precoz de mala perfusión, aunque también puede serlo de anemia.

• Cianosis. Signo tardío en casos de shock. También puede verse en casos de fallo respiratorio, aunque en este caso iría acompañada de aumento del trabajo respiratorio. Es importante diferenciarla de la cianosis acra, que puede ser normal en lactantes pequeños.

• Cutis reticular. Causada por la vasoconstricción de los capilares cutáneos.

Hay que desvestir al paciente para valorar de manera adecuada, pero evitando la hipotermia, que causa también vasoconstricción, pudiendo falsear la exploración de este lado del triángulo.


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